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ENTREVISTA A FLORENTINO DIÉGUEZ

Escrito por Compañia Olaberria.

 

 

Es uno de los socios más veteranos de nuestra compañía. Empezó desfilando como redoble, aunque hace ya muchos años que desfila como escopeta. Hablamos con Florentino Diéguez Rodríguez, carpintero jubilado que en sus ratos libres elabora herramientas para sus amigos de la Escuadra de Hacheros o escopetas para soldados de las compañías.

- Hace poco has terminado un par de hachas para la Escuadra de Hacheros. ¿Cuál es el proceso y cuánto tiempo te ha llevado hacerlas?

Es imposible calcular el tiempo invertido. Lo hago en ratos libres, no se contabilizan las horas. Primero se coge la madera y se le da la forma del hacha, todo manualmente, al no ser liso y tener formas redondeadas es más difícil, es un trabajo artesanal. Las hago en casa de Epifanio Aramburu, también carpintero, del barrio de Bidasoa. Luego las pinta Dani Cambón, pífano de la compañía Olaberria, en su taller.

- No es la primera vez que realizas trabajos de este tipo, creo que también has hecho escopetas, ¿cómo surgió esta afición?, ¿quién fue la primera persona que te encargó algo?

La primera escopeta que he hecho es la mía. Cuando dejé el redoble y empecé a desfilar con la escopeta pensé en hacerme una más ligera. Copié la escopeta que tenía en una de madera. Me hacen muchos encargos pero tengo mucho trabajo y por no quedar mal con nadie sólo he hecho a los más allegados.

- ¿Lo más curioso que hayas hecho, aunque no sea relacionado con el Alarde?

Sobre todo muebles para particulares. Son trabajos artesanales en los que he invertido muchísimas horas para sacarlos adelante

- Llevas toda la vida en la compañía, primero como redoble y ahora como escopeta. Tenemos alguna fotografía antigua en la que apareces. Apenas había banda de música. ¿Ha cambiado mucho la compañía en todos estos años?, ¿cómo recuerdas la compañía de hace 50 años?

Noto mucho cambio. Al principio, cuando salía con 14 años, salían un redoble, dos parches y 6-7 pífanos. Ahora tengo 72  años y todo ha cambiado. Antes todos nos conocíamos, éramos todos de los caseríos del barrio, ahora en cambio es imposible conocer a todos. Lo que no ha cambiado es la ilusión. Se respira la misma ilusión o incluso más.